lunes, 12 de octubre de 2015

El concreto mar de Los Andes


¿Qué es el mar? Pues, lo que se diga de esa masa de agua resultará siempre, para un boliviano, una abstracción. El mar es una sensación de pérdida, y por ello mismo es una atadura, una carga, un pendiente que se lleva en nombre de otra abstracción: la patria.

Foto: Teatro de los Andes
Mabel Franco, periodista
¿Qué es el mar? Pues, lo que se diga de esa masa de agua resultará siempre, para un boliviano, una abstracción. El mar es una sensación de pérdida, y por ello mismo es una atadura, una carga, un pendiente que se lleva en nombre de otra abstracción: la patria.
Esto, que puede resultar una obviedad para quienes de tanto en tanto, si no a diario, desde que nacemos en este lugar llamado Bolivia sentimos cual canto de sirena, se encarna, se expresa en “Mar”, la obra de Teatro de los Andes, la segunda desde el alejamiento de su creador y director, César Brie.
Tal como pasara con la anterior, “Hamlet de los Andes” (creación colectiva junto a Diego Aramburo), el público está dividido respecto de la calidad de la propuesta. O se la aplaude como resultado de una continuidad que pugna por renovarse, o se le reclama por no parecerse a lo que se hizo en tiempos de Brie. No hay remedio en esto y Gonzalo Callejas, Alice Guimaraes y Lucas Achirico tendrán que aprender a vivir con esa memoria del padre, quién sabe hasta cuándo.
Yo me quedo con “Mar” como muestra de lo nuevo de Teatro de los Andes, sin nostalgias pero sí con raíces. Me conmuevo como en los viejos tiempos, pero también me sorprendo con la capacidad del grupo de encontrar formas para remontarr, junto con el espectador, ese espacio reducido de una sala teatral y viajar por variados tiempos y lugares. ¿Qué hay otras lecturas de los alcances de “Mar”? Por supuesto; al final, el teatro no es solamente lo que está pasando en el escenario; es lo que con eso se logra que pase en un espacio en el que se encuentran expectativas de creadores y de público. De un espacio en concreto, el mío, es desde el que puedo hablar.
Pero bueno, ¿cómo es el mar de los Andes?
El grupo, que esta vez ha trabajado junto al director argentino Arístides Vargas, se anima a tocar un tema  cargado de estereotipos y de patriotismos. Un campo minado, se puede afirmar. Y opta, para emprender el  riesgoso viaje, por la tragicomedia, género que, es evidente, refleja como en un espejo la relación que como bolivianos tenemos con el océano.
Tres hermanos obedecen el mandato de la madre, invisible ella pero poderosamente presente, de llevarla de vuelta al mar para que su cuerpo descanse mecido por las olas. Sin convicción, en verdad, hacia allí la conducirán los hijos a duras penas, atravesando desiertos de dudas, de resentimientos contra esa progenitora a veces amorosa, a veces tirana, y sorteando  rivalidades y desconfianzas mutuas. La llevarán porque no pueden hacer otra cosa si desean recuperar la libertad. Y también porque necesitan superar la sensación de orfandad que el perdido mar (¿el padre?) les provoca.
Una puerta (bandera que va tornándose escudo) representa a la madre. Sueños escapan por esa puerta (el recurso recuerda a “Las abarcas del tiempo”, obra de los 90) para materializarse en discursos y estereotipos: el que repiten los militares, con los que se llenan las cabezas de los niños, los de los himnos, los que envían al frente a los jóvenes porque mejor muertos que antipatrióticos…
Y así se produce el descubrimiento, el que justifica todo el viaje: el mar no es la masa de agua. El mar, para Bolivia, es un oleaje cotidiano de subidas y bajadas, una pugna levantarse tras cada caída. Esto es lo concreto y en la puesta de Teatro de los Andes la idea se refuerza además por la ausencia total de agua, salvo la poquita que la mujer sin voz, la “apátrida”, echa al rostro del viejo militar.
“Mar” no se rinde, pues, a los estereotipos: los pone en evidencia, invita a desarmarlos, a reconocerlos como la “marca país”, y podría lograrlo si no fuera  por el discurso del final sobre  la guerra con Chile, 1879, la injusticia, etc. En ese momento disonante con el tono autocrítico y metafórico que domina en la obra, ésta amenaza con zozobrar. No lo hace, no lo hará, por el poderoso trabajo del trío, con Callejas en la delantera, pero sobre todo porque en el teatro siempre es posible dar un golpe de timón.

FICHA TÉCNICA
Actores: Lucas Achirico, Gonzalo Callejas, Alice Guimaraes
Música: Lucas Achirico
Escenografía: Gonzalo Callejas
Vestuario: Alice Guimaraes, Jacqueline LaFuente Covarrubias
Dirección de actores: María del Rosario Francés
Texto y dirección: Aristides Vargas
Organización general: Giampaolo Nalli

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