miércoles, 29 de marzo de 2023

Afrolibertad

Summertime ¿interpretada en contrapunto con la saya afroboliviana? Por qué no. Si la canción de Gershwin abrazada por el jazz tiene versiones de rock y dice google que también de disco y reggae, los tambores que en los Yungas resuenan como eco de la lejana África no tendrían por qué serle ajenos.

La saya afroboliviana Tambor Mayor en contrapunto con un grupo de jazz y un cuarteto de cuerdas. Foto: Vassil Anastasov.


Mabel Franco Ortega, periodista

Que todo es posible, que nada debería estar prohibido en materia de artes, es una verdad, aunque duela a los puristas y fanáticos de lo intocable. La cuestión, por supuesto, es saber cómo resulta la osadía. Pues, déjenme decirles que en el caso del jazz y la saya el resultado ha tenido, para mis oídos, la fuerza de una detonación liberadora.

La sorpresa de ese diálogo, que en simples palabras podría sospecharse forzado, algo así como la danza entre aire y fuego, fue revelada la noche del jueves reciente en una sala de la Cinemateca Boliviana convertida en espacio escénico para escuchar a la cantante afroestadounidense De-Ann Lott y una veintena de artistas bolivianos.

La velada musical fue parte de una serie de actividades del Festival Tawirandu Lus Araja (Escarbando los tesoros) propiciada por la Embajada de Estados Unidos en Bolivia en febrero, mes que en ese país es tiempo para rendir homenaje a las personas afrodescendientes que debieron luchar por sus derechos. Que todavía deben luchar, hay que decir, pues de discriminación, odio racial y otras violencias están llenos los días contemporáneos en EEUU. Y, para ser justos, en el mundo.

Las actividades, que han incluido proyección de películas de EEUU, exposición de obras de arte y de artesanías de creadoras afrobolivianas, además de un panel sobre historia, ha tenido la tónica de la interrelación. Qué pasa allá, qué pasa más acá, qué podría pasar si se conocen logros y retos mutuos.

En el caso de la música, la presencia de De-Ann Lott motivó el encuentro de su estupenda voz con los instrumentos de una banda de jazz formada por Roberto Morales, Pablo Soria Galvarro, Eduardo Navarre, Christian Laguna y Luis García, este último encargado también de la dirección. Subió a escena además un cuarteto de cuerdas integrado por los jóvenes Ana Carola Coss, Graciela Pineda, Bryan Vargas y Pedro Esteban Carrillo. Para interpretar en dúo sendas canciones, estuvieron Mimi Arakaki y Andrea Camacho. Y la saya afroboliviana Tambor Mayor intervino en dos momentos extraordinarios por lo inesperados, pero sobre todo por las preguntas que probablemente motivaron: ¿cómo es que no se nos ocurrió hacer algo parecido antes? ¿Cómo no se experimenta con lo que se tiene cerca? ¿Por qué será que no hubo afrobolivianas cantando u otros instrumentistas que no sean los de los tambores?

Invitación a volar

En 2005 y 2006, la Alianza Francesa en La Paz tuvo la iniciativa de acercar hasta estas alturas a intérpretes afrofranceses o africanos radicados en Francia, todos exponentes de la música contemporánea con raíces en la madre África. “De ida y de vuelta” se llamó la iniciativa y de ella todavía resuena la voz de Dobet Gnahoré, de Costa de Marfil, que ofreció una velada irrepetible por su voz, su danza, su grito de paz y el grupo de intérpretes blancos que la acompañaron. Llegaron luego los camerunenses Henry Dikongué y Zakaria Riahi.

Dikongué y Riahi no se limitaron a cantar y tocar, sino que viajaron a Tocaña para trabajar con las comunidades de la zona durante dos semanas. Escucharon su música, mostraron la propia y propusieron un diálogo, así como desafiaron a intentar nuevas búsquedas sobre ese reservorio que Riahi dijo que le recordaba lo recóndito de Angola.

Hubo una presentación en el Municipal y algo todavía incipiente de lo que era posible descubrir fue compartido con el público. Se informó entonces sobre los planes de un encuentro regional, en Colombia, y de seguir dialogando en Bolivia. No se pudo hacer esto último, pues alguien de la saya afroboliviana dejó dicho algo así como que no iban a permitir que se les dijera qué hacer, que no estaban dispuestos a que se atente contra su cultura…

Detrás de esa postura debe haber razones no suficientemente explicadas. No tenemos, desde fuera, derecho de juzgar, de exigir, de criticar. Menos cuando la saya afroboliviana ha surgido no sólo como expresión artística, sino cultural y política. Las sayas afrobolivianas no sólo nos mueven a bailar, sino que nos están diciendo que hay bolivianos y bolivianas distintos de los aymaras o quechuas y que tienen una identidad que es preciso entender como parte de la plurinacionalidad.

Sin embargo de lo dicho, se hace también inevitable pensar que aprovechar lo propio y de proyectarlo hacia algo nuevo –lo que se sienta y quiera que esto puede ser—, sin que represente un imperativo dejar de lado lo que ya se tiene, no puede ser algo malo. La invitación a volar no puede ser mala, menos si se siente que hay un lugar firme para volver y alimentarse.

One of these mornings

No todos los caminos musicales tienen que llevar al jazz; pero siendo éste una herencia de lo afro, ¿por qué no alimentar su complejidad desde lo afroboliviano? Se me ocurre que los resultados podrían ser sorprendentes, mucho más que sólo trasladar al jazz taquiraris o cuecas.

La presencia de De-Ann Lott como parte del Festival ha posibilitado a un auditorio pequeño –inevitablemente-- descubrir y disfrutar de su canto, su capacidad para interpretar, su sencillez, además de ratificar la profesionalidad de músicos bolivianos. Pero sería injusto que la experiencia desarrollada se quede allí, que se pierda en lo efímero. Por eso estas líneas que salen como expresión de esperanza para que dejemos de gritar para nosotros mismos que somos lo que fuimos. ¿Y si comenzamos a ser lo que podríamos ser?

El bum burubumbum de la saya afroliviana Tambor Mayor, subiendo o bajando el volumen para dialogar con cuerdas de conservatorio en la canción de negros escrita por un judío, nos está desafiando a darle el sentido vital al cielo: “One of these mornings/ You're gonna rise up singing/ You gonna spread your wings/ And take, and take to the sky”.

Esta nota fue publicada en la revista Rascacielos el 12 de febrero de 2023.

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