Hace años que pisa los escenarios (49 en 2021, 37 la vez que se hizo la presente nota en La Razón). De niño vio a Cantinflas en la película ‘El extra’ y se dijo que de grande sería cineasta, hasta que se enteró de que no es cosa de uno solo… Con el tiempo, se le había olvidado el sueño, pero el sueño no se olvidó de Hugo Pozo Arias, así que le dio la oportunidad de convertirse en un actor que ama el drama, pero al que la vida llevó a la comedia.
Hugo Pozo en la película de 2020, Mi socio 2.0. |
Mabel Franco Ortega, periodista
“¿Papá? Nos han dicho que te has muerto, que te están
velando”, oyó Hugo Pozo la voz asustada de su hijo Guery al teléfono. “¿Ah, sí.
No lo puedo creer?”, fue la respuesta del actor, entre sorprendido y divertido.
Es muy posible que el incidente esté ya en su mente de libretista y vaya a
plasmarse en una próxima aventura de Ringo Guarachi Vergara, más conocido como
El Warjata, personaje de mil oficios.
Hugo Pozo Arias está más vivo que nunca, trabajando intensamente en su escuela
de teatro ubicada en la calle Ayacucho, muy cerca del Obelisco paceño. Allí, en
un espacio que le permite tener una pequeña oficina, una sala para las clases
teóricas y otra rodeada de espejos para las prácticas, el artista acepta
rememorar su trayectoria que le ha llevado del teatro dramático a la comedia y
de allí al cine.
“Comencé en 1973, así que tengo 37 años de vida artística”, dice con su voz
grave a tono con el rostro de hombre serio, que podría parecer intimidante para
quien no lo conozca a fondo.
“Cuando era niño vi una película de Cantinflas, El extra, y desde entonces
hacer cine se volvió mi sueño. Pero, cuando averigüé que eso no era cuestión de
una sola persona, que se necesitaba maquillistas, continuistas, guionistas,
etcétera, me olvidé del sueño”, confiesa.
Pero el sueño no se olvidó de él y, cuando estaba en los últimos cursos de
colegio, un amigo suyo, Guillermo Aguirre (que haría cine años más tarde) “me
llevó a arrastrones a un taller de teatro experimental que dictaba Eduardo
Cassís”.
"Me gusta el drama"
Durante siete años, el joven Hugo alternó sus estudios de colegio primero y
universitarios después —siguió la carrera de Psicología— con las obras del
teatro universal: Juana Azurduy de Padilla, Madre Coraje, Yerma... “Comencé con
papeles chicos, como extra, pues es así como un actor va ganando experiencia y
escalando”.
En una de esas representaciones fue visto por Tito Landa —director de teatro
que falleció a fines de los 90—, “quien me invitó a ser parte de su compañía.
Me dijo: ‘pero nosotros hacemos teatro nacional, popular’, y le respondí que no
había problema”.
La obra en la que actuó es Escuela de pillos (Raúl Salmón de la Barra). “Ahí
comencé a hacer mis primeras travesuras teatrales”, rompe el rigor con una
sonrisa, y dice que mereció un comentario en la prensa que destacó su perfil
cómico.
“Yo soy un actor dramático —retoma el gesto grave—, me encanta el drama; pero
los artistas nos debemos al público y éste me exige que haga comedia”,
justifica el carácter de su compañía, bautizada como “Hugo Pozo”, que ante todo
se dedica a hacer reír a la gente.
En los tiempos en que trabajó con Tito Landa, a Pozo le tocó, en los 80,
representar un papel secundario en la obra Los plebeyos, de Jorge Wilder
Cervantes. Don Gabino, el personaje, es un extravagante tinterillo de hablar
rebuscado, pero cuyos modales pueblerinos sobresalen a cada momento pese a la
levita y los guantes blancos.
Hugo Pozo se robó la obra en la que compartió papeles con un muy joven David
Mondacca y con Mery Rada, entre otras figuras de la escena nacional. “El
personaje, la forma de interpretarlo, ha sido copiado luego por otras personas
en varias obras”, comenta con un dejo de satisfacción. Y es cierto, el teatro
popular mostró luego varios “Gabinos” y hasta el mismo Pozo se copió en obras como Dos hermanas para un Ñoño, en la que además le tocó dirigir al
actor mexicano Édgar Vivar, famoso por la serie de televisión El Chavo del 8.
“Uno va inventando recursos que no figuran en el texto del autor, como cuando
Gabino y el personaje de David se comen un venadito; yo no me quito para nada
los guantes, pese a que cojo las presas con las manos, salvo al final cuando
inesperadamente me chupo los dedos”, termina de recordar su picardía con una
carcajada que se prolonga algunos segundos.
En general, el que escucha las carcajadas de otros es este actor. Su
personaje, El Warjata, se ha hecho muy popular. “Cuando estrenamos Ayyy
Warjata, qué warjata, la gente hizo fila la noche anterior para conseguir las
entradas en el cine México. Dicha fila llegaba hasta la calle Armentia (luego de
trepar la larguísima y serpenteante cuadra de la Av. Montevideo). Ya en la
obra, “la gente se mataba de risa, tal cual ha pasado en El Alto y hasta en
Buenos Aires y Sao Paulo, donde fuimos a actuar para los residentes
bolivianos”.
El Warjata recuerda, en varios aspectos, a otro personaje al que Pozo dio vida.
Es Rigucho, creación del dramaturgo, actor y director Raúl Salmón (La Paz,
1926-1990) y que este mismo interpretó en las obras de teatro social, como
bautizó a su trabajo. En los 90, Pozo encarnó a ese hombre humilde, optimista y
de sentimientos nobles en El partido de la contrapartida.
Estuvo desopilante. Hay una escena en particular que se puede calificar de
brillante. Rigucho, empleado del almacén donde se ha producido un robo, es
injustamente acusado. Ni su patrón le cree y lo entrega a los policías que le
quieren arrancar una confesión, así que lo atan a una silla y lo torturan. El
público está dolido, pues ya se ha encariñado con este Rigucho que en medio de
sus gritos de dolor pide clemencia recurriendo a una canción de moda: “No me
hagan más daño, no me hagan más daño...”. Las risas rompen el momento
dramático. Claro que una cosa es contarlo y otra ver al actor en el escenario.
La memoria de Pozo propone un otro salto al pasado para recordar cómo se cumpliría, finalmente, su aspiración de niño: actuar en cine.
En los años 70, al finalizar la función de Escuela de pillos,
le buscaron tres hombres que pronto supo que se llamaban Paolo Agazzi, Cacho
Soria y Antonio Eguino. Semejante comitiva le hizo una propuesta: que se
presentase a la prueba para una película que estaba en curso. El actor de
teatro hizo así su primer papel secundario en la segunda historia de la
tetralogía Chuquiago.
Allí dio vida al amigo de Johnny (el fallecido Edmundo Villarroel), dos jóvenes
de extracción humilde, hijos de migrantes del campo que luchan por integrarse a
la urbe; en el caso de Pozo, convertido en un pillo.
“Luego de eso he participado en 22 películas más, dirigidas por profesionales
nacionales y extranjeros”. Como pillo también fue parte de American Visa,
película del año 2005 dirigida por Juan Carlos Valdivia, en la que trabajaron
los mexicanos Demian Bichir y Kate del Castillo.
Por estrenarse en Bolivia, posiblemente en marzo próximo, hay otra cinta
dirigida por el chileno César Caro y que se titula Tercer Mundo, mezcla de
drama y comedia, que se filmó en Guatemala, Chile y Bolivia. En la historia de
tres jóvenes, de un viaje fantástico y aventuras, Pozo encarna a un hombre con
conocimientos de los misterios de la cultura tiwanakota.
Un hombre llamado Warjata
Hace tres años, argumenta el artista, el teatro popular se había quedado sin el
público masivo que lo seguía casi de manera incondicional. “Se produjo una
saturación de ver una y otras vez reposiciones de las obras de siempre. Así que
me planteé el desafío de buscar algo nuevo. Tenía en mi mente el diploma de un
curso de dramaturgia que pasé con Raúl Salmón el año 1990, con el patrocinio de
la Universidad Mayor de San Andrés, y algún texto que me animé a escribir. Pero
tenía miedo de que no gustase ni a mis compañeros”, se pone serio el actor.
En esa obra nacía El Warjata que, cuando se produjo la primera lectura, recibió
entusiasta reacción, “la misma que despertó en el público la puesta en escena”,
y que le llevaría a crear El matrimonio del Warjata y Te voy a mostrar una
cosita.
“Sí, El Warjata tiene algo de Rigucho—tiende nexos Hugo Pozo—, aunque este
último es un migrante del campo y el otro un hombre citadino; ambos son
divertidos, dicharacheros y muy humanos”. ¿Edad?, “Ringo Guarachi tiene entre
35 y 40 años”, dice el actor que así, en el escenario, puede mantenerse
joven.
Hay que decir que este artista es de los afortunados, pues vive de su actividad
teatral. “He podido hacerme de un departamento, tengo un vehículo y este espacio
(señala el piso del taller), así que mal no me ha ido”, afirma quien sostiene a
su familia compuesta de esposa y dos hijos. “Guery, que sigue ya mis pasos,
pues está actuando en las obras, y Milenka, una estudiante de Comunicación que
considero que es de las mejores críticas, no sólo de mis obras, sino del
teatro, pues ha crecido entre ensayos y representaciones”.
Si de críticas se trata, el teatro bautizado como popular no siempre ha
merecido el interés de los medios de comunicación. Pero eso a Hugo Pozo no
debería preocuparle. La reacción de la gente, y no sólo en La Paz, le permite
seguir trabajando. De hecho, apenas termine el taller que dicta en La
Paz, donde tiene una alumna de 70 años —”su publicidad dice que recibe a gente
de hasta 80”, le habría dicho al momento de inscribirse—irá a Sucre para
encontrarse con ávidos estudiantes.
Además, entre sus anécdotas, el actor atesora una en particular: “Cuando actué
como el Sambo Salvito (el ladrón, mulato, que es una leyenda en La Paz), cierto
día en que yo paseaba por la calle fui interpelado por una viejita que comenzó
a golpearme”.
(A partir de este momento, Pozo actúa, cambia de voz y de rol):
- Señora, qué pasa, le decía yo.
- Negro maldito, has hecho sufrir a tu pobre madre...
“Un señor tuvo que explicarle que soy un actor. Por supuesto que yo no estaba
molesto, sino encantado, feliz”.
Hugo Pozo con Norma Merlo en la obra "Santiago de Machaca" de MondaccaTeatro. Foto: Archivo Mabel Franco |
Pozo se reencontró en la escena con David Mondacca, quien le invitó a dar vida a Santiago de Machaca, personaje de Jaime Saenz, en la trilogía que Mondaccateatro dedicó al autor paceño. Con esta obra y con Marca para tres viajaron al festival de Antofagasta (Chile). “Fue impactante”, resume su baño de drama, aunque, ya en su grupo, está claro que seguirá con la comedia, “total, ya bastante tragedia vive nuestro país como para privarle de la risa.
Nota: Hugo Pozo es un personaje importante en la obra de 2020, "Mi socio 2.0", secuela de la película "Mi socio", ambas dirigidas por Paolo Agazzi.
Hugo Pozo falleció el 3 de noviembre de 2024.